miércoles, 14 de octubre de 2015

Conocidas.

Lo que empezó como dos conocidas que quedaban de vez en cuando paso a ser una rutina continua.
Comenzaron a verse cada día, a parte de con sus rutinas que se juntaban, donde vivían.
Hacían las cosas más sencillas juntas, ya fuese ver la tele, comer, merendar, cenar, pasear, ordenar cosas, escuchar música, pintarse la uñas, peinarse el pelo...las típicas cosas que se pueden hacer en un espacio de cuatro paredes en una frui tarde de invierno.
Pero no eran esas pequeñas cosas las que hacían que esas conocidas estuviesen comenzando a trazar un pequeño hilo de amistad, si no su compañía mutua.
No solo existían ellas dos, había más gente alrededor, y sabían, obviamente, estar alejadas, pero no por mucho tiempo. La preocupación de la una por la otra siempre estaba ahí, en cualquier momento del día, a las tantas de la madrugada o aunque una de ellas estuviese enferma.
Estaban forjando una amistad, sin darse cuenta, de lo más profunda.


 
 
Cap. 2

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