Hasta que llegan los cambios. Los cambios, eso que tanto nos aterra y nos ilusiona. Algo que nos es esperanzador pero que también nos asusta. Cambiar de ciudad, cambiar de casa, cambiar de ambiente, cambiar de amigos, cambiar, cambiar, cambiar... Esa palabras nos tiene atrincherados, pensamos que el simple de hecho de que algo pueda cambiar en nuestro entorno pueda condicionar toda nuestra vida.
Pero esto no es así, cambiar es muy bueno. Cambiar también es evolucionar, madurar, aprender a adaptarse a lo que a vida nos ofrece.
Cambiar de ciudad, separa a dos persona solo en la distancia que hay en coche o en autobús, porque en sentimientos sigue siendo lo mismo, y los medios para estar juntas son inmensos. Aunque una de ellas esta alejada de donde empezó todo, la amistad no se puede quebrantar. Empiezas a hacer vida sin ver a esa persona las 24 horas del día, pero eso si, no puedes estar más de un segundo sin contarle todo por mensaje, por minúsculo que sea. Te enteras de cosas que han pasado hace mucho, tarde, pero no pasa nada, es lo que tienen los cambios, que todo cambia y estás más ocupado.
Cap. 4

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